Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—Es una guerrera. —Serpiente señaló el hacha de mango largo que había entre las pieles—. Eso es lo que buscaba cuando la agarraste. Si le das media ocasión, te la clavará entre los ojos.
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—Qhorin no dijo nada de tomar prisioneros —dijo Serpiente de Piedra.
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—Entonces eres nuestra prisionera —dijo Jon apartando la daga de la piel suave del cuello.
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—Me rindo. —Las palabras se condensaron en el aire frío.
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—Es una vigía —replicó Serpiente de Piedra—. Y una salvaje. Acaba con ella.
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«Tres.» Durante un momento, Jon no supo qué iban a hacer. «Pensábamos que sólo habría dos.» Pero uno estaba durmiendo. Y tanto daba si eran dos, tres o veinte; tenía que hacer lo que había ido a hacer allí. Serpiente de Piedra le tocó el brazo y le señaló al salvaje del cuerno. Jon hizo un gesto en dirección al sentado junto a la hoguera. Resultaba extraño elegir a qué hombre iba a matar cada uno. Se había pasado la mitad de la vida con una espada y un escudo, entrenándose para aquel momento. «¿Se sentiría Robb así antes de su primera batalla?», se preguntó. Pero no había tiempo para pensar en la respuesta. Serpiente se movió tan deprisa como el animal cuyo apodo llevaba, lanzando una lluvia de guijarros sobre los salvajes. Jon desenvainó a Garra y lo siguió.
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—Por aquí arriba —dijo el explorador en voz baja—. Tenemos que situarnos por encima de ellos. —Se quitó los guantes, se los metió debajo del cinturón y se ató un extremo de la cuerda en torno a la cintura, y el otro en torno a la de Jon—. Cuando la cuerda se ponga tensa, sígueme.
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—La montaña es tu madre —le había dicho Serpiente de Piedra hacía unos días, durante un ascenso bastante menos complicado—. Aférrate a ella, aprieta la cara contra sus tetas, y ella no te dejará caer.
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«Un paso detrás de otro —se dijo Jon—. Un paso detrás de otro, y no me caeré.»
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—Quédate —ordenó—. Volveré a buscarte.
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—Por mí podemos partir ya —dijo Serpiente.
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—El lobo se tendrá que quedar con nosotros —dijo Qhorin—. A la luz de la luna, el pelaje blanco se ve demasiado bien. —Se volvió hacia Serpiente de Piedra—. Cuando terminéis, tirad una marca ardiendo. Acudiremos cuando la veamos caer.
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—Y yo —dijo Jon Nieve.
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—Yo. —El explorador al que llamaban Serpiente de Piedra ya había demostrado que era el mejor escalador del grupo. Él debía ser uno de los dos.
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—La caída es más dura aún —dijo Qhorin Mediamano—. Dos hombres. Sí, porque habrá dos hombres de guardia.
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—Es una ascensión muy dura de noche —dijo Ebben, que no apartaba la vista de la chispa lejana, mirando a través de una hendidura en las rocas tras las que se cobijaban.
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—Un cuerno que no deben hacer sonar —señaló Mediamano.
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—Seguro que tienen un cuerno —dijo Serpiente de Piedra.
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—Aquí arriba el fuego es la vida —dijo Qhorin Mediamano—, pero también puede ser la muerte.
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—Si supiera que han encendido una hoguera, despellejaría a esos pobres desgraciados —dijo Ebben, un hombrecillo calvo y achaparrado con músculos como sacos de rocas.
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