Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—Mi Jonquil es una dama muy lista, ¿eh? —Dontos rió entre dientes.
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—Si le dierais las gracias por convertiros en bufón os volvería a nombrar caballero —replicó Sansa con tono brusco.
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—Su flota se encuentra muy lejos, en Bastión de Tormentas. Tendría que subir por Garfio de Massey y el Gaznate, y cruzar la Bahía Aguasnegras. Quizá los dioses envíen una tormenta que los barra de los mares. —Dontos le dirigió una sonrisa esperanzadora—. Ya sé que no es fácil para vos. Debéis tener paciencia, niña. Cuando mi amigo regrese a la ciudad, tendremos un barco. Tened fe en vuestro Florian, y no temáis nada.
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—No importa cuán numeroso sea su ejército, pequeña, mientras sigan al otro lado del río. —Dontos le dio un apretón en el hombro—. Sin barcos, Stannis no podrá cruzarlo.
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—Ay, niña, niña, niña. —Dontos sacudió la cabeza—. Sí, podríamos salir del castillo, pero las puertas de la ciudad están más vigiladas que nunca, y el Gnomo ha cerrado todas las salidas por el río.
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—El momento adecuado es ahora —insistió Sansa—, antes de que empiece la batalla. Se han olvidado de mí. Podríamos escabullirnos, estoy segura.
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—He hablado con un hombre al que conozco —dijo Dontos dándole unas palmaditas en el brazo—, es un buen amigo mío... y vuestro, mi señora. Cuando llegue el momento adecuado, alquilará un barco rápido para ponernos a salvo.
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—Ojalá. —La primera vez que Sansa había visto el Gran Sept, con sus paredes de mármol y sus siete torres de cristal, le había parecido la edificación más hermosa del mundo. Pero eso había sido antes de que Joffrey decapitara a su padre en aquellas escaleras—. Quiero que lo quemen.
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—Lord Stannis quiere ahumar a los salvajes del Gnomo para hacerlos salir. —Dontos se tambaleaba al hablar, apoyado con un brazo en un castaño. Tenía una mancha de vino en la túnica roja y amarilla de bufón—. Se dedican a matar a sus exploradores y a asaltar sus líneas de aprovisionamiento. Y los salvajes también han provocado incendios. El Gnomo le dijo a la Reina que más valía que Stannis enseñara a sus caballos a comer ceniza, porque no iba a encontrar ni una brizna de hierba. Se lo oí decir. Ahora que soy un bufón oigo muchas más cosas que cuando era caballero. Todo el mundo habla como si yo no estuviera presente. Además... —Se inclinó hacia delante y le echó a la cara el aliento con olor a vino—, la Araña paga con oro cualquier tontería. Creo que el Chico Luna lleva años en su nómina.
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—No, es por el humo —mintió—. Parece como si estuviera ardiendo medio Bosque Real.
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—¿Os enviaron a vigilar por si aparecíamos nosotros? —le preguntó Jon.
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—Hay otros sistemas. —Serpiente se arrodilló junto al hombre al que había matado y le quitó la capa, las botas, el cinturón y el chaleco. Luego se echó el cadáver a los hombros enjutos y lo llevó hasta el borde. Lo lanzó al vacío con un gruñido de esfuerzo. Un momento más tarde oyeron el golpe pesado, húmedo, mucho más abajo. Para entonces, el explorador ya estaba desnudando el segundo cadáver. Lo arrastró por los brazos; Jon lo cogió por los pies, y juntos lo lanzaron a la negrura de la noche.
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—Quizá deberíamos hacer lo que dice. —Jon recordaba a Othor, muerto, con las manos frías y negras.
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—Quemadlos —insistió la chica tercamente—, o puede que volváis a necesitar las espadas.
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—Para eso hace falta una hoguera más grande, y las hogueras grandes brillan mucho. —Serpiente de Piedra se dio la vuelta y escudriñó la negrura de la noche en busca de alguna chispa de luz—. ¿Qué pasa, hay más salvajes en las proximidades?
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—Tendríais que quemar a los que habéis matado —dijo Ygritte.
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—Oye, lo habitual es que sean los prisioneros los que respondan a las preguntas. —El explorador echó una rama larga a la hoguera—. Aunque no va a decir nada. He visto a salvajes cortarse la lengua a mordiscos antes de contar nada. —Cuando el extremo de la rama estuvo encendido con llamas vivas, dio dos pasos adelante y la lanzó hacia el paso. La rama cayó girando en la noche, hasta que la perdieron de vista.
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—Es un nombre de bastardo —dijo él—. Mi padre era Lord Eddard Stark de Invernalia.
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—Es un nombre malvado —dijo con una mueca.
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—Entonces no le daré media ocasión. —Dio una patada al hacha para alejarla de la prisionera—. ¿Cómo te llamas?
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