Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—Pobre Jon —dijo Sansa con un suspiro, sin dejar de coser—. Le tiene envidia, porque es bastardo.
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—Jon dice que parece una niña —replicó Arya.
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—No te inventes cosas, Beth —reprendió cariñosamente Sansa a la pequeña, al tiempo que le acariciaba el pelo. Volvió la vista hacia Arya—. ¿A ti qué te parece el príncipe Joff, hermana? Es muy galante, ¿verdad?
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—Se va a casar con ella —intervino la pequeña Beth, soñadora—. Y Sansa será la reina.
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—A Joffrey le gusta tu hermana —susurró Jeyne, tan orgullosa como si fuera la responsable de aquello. Era la hija del mayordomo de Invernalia, y también la mejor amiga de Sansa—. Le dijo que era muy hermosa.
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—Hablábamos del príncipe —dijo Sansa con voz suave como un beso.
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—¿De qué estáis hablando? —preguntó Arya de repente. Jeyne la miró sobresaltada; luego dejó escapar una risita. Sansa pareció avergonzada. Beth se sonrojó. Nadie le dio respuesta—. Decídmelo —insistió Arya.
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«Las labores de Sansa son tan bonitas como ella —dijo una vez la septa Mordane a su señora madre—. Tiene unas manos tan hábiles, tan delicadas… —Cuando lady Catelyn le preguntó por Arya, la septa lanzó un bufido—. Arya tiene manos de herrero».
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—Sí —reconoció Catelyn.
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—Ábrelo. —Ned tenía el ceño fruncido y el rostro cargado de preocupación.
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—Tengo miedo —admitió. Cogió la carta con manos vacilantes. Las pieles se deslizaron y dejaron al descubierto su desnudez, sin que a ella le importara. El lacre azul mostraba el sello de la casa Arryn, la luna y el halcón—. Es de Lysa. —Catelyn miró a su esposo—. No nos va a gustar lo que diga. Este mensaje está lleno de dolor, Ned. Lo presiento.
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—Quédate —le ordenó Ned. El tono de su voz era serio. Miró a Catelyn—. ¿Qué te pasa, mi señora? Estás temblando.
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—Lo siento, mi señor —dijo Luwin sin moverse—. El mensaje no es para vos tampoco. Pone que es privado, para lady Catelyn. ¿Puedo? —Catelyn asintió; no se atrevía a hablar. El maestre puso el papel en la mesita junto a la cama. Estaba sellado con una gota de lacre azul. Luwin hizo una reverencia y se volvió para retirarse.
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—Bien, dámelo. —Ned tendió la mano.
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—También eso me lo pregunté. —El maestre Luwin se sacó un rollo de papel de la manga—. El verdadero mensaje estaba en un fondo falso que encontré al desmontar la caja de la lente, pero no es para mí.
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—¿Y qué querrán que veamos con mayor claridad? —Catelyn volvió a sentir en las entrañas los aguijonazos del miedo.
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—Cierto, mi señora. —Rozó con los dedos el collar de su orden, que llevaba bajo la túnica; era una cadena pesada, muy ajustada al cuello; cada eslabón, forjado con un metal diferente.
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—Una lente es un instrumento para ayudarnos a ver. —Catelyn se estremeció pese a las gruesas pieles.
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—Lo mismo me he preguntado yo —dijo el maestre Luwin—. Obviamente, aquello no era solo lo que parecía.
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—Una lente —gruñó Ned, con el ceño fruncido. Aquellas cosas le colmaban la paciencia, y Catelyn lo sabía—. ¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
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