Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—¿Un burdel? —Se sorprendió Ned—. ¿El señor del Nido de Águilas y mano del rey iba a un burdel con Stannis Baratheon?
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«Otra vez Stannis», pensó Ned. Aquello era extraño. Jon Arryn y lord Stannis siempre mantuvieron una relación cortés, no amistosa. Y cuando Robert emprendió el viaje hacia Invernalia, Stannis se retiró a Rocadragón, la fortaleza isleña de los Targaryen, que él mismo había conquistado en nombre de su hermano. No había dicho cuándo pensaba regresar.
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—Zanahorias y manzanas —repitió Ned.
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—Asegura que conocía bien a lord Arryn. Que eran amigos íntimos. —Jory dejó escapar un bufido—. Dice que la mano le daba a cada chico una moneda de cobre en su día del nombre. Que se le daba bien tratar a los caballos. No los presionaba demasiado, y les llevaba zanahorias y manzanas, así que los animales se ponían contentos al verlo.
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—Al guardia, mi señor —lo corrigió Jory—. Jura que no volverá a tocar un caballo en lo que le queda de vida.
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—He prometido ceder veinte hombres a la Guardia de la Ciudad hasta que acabe el torneo —dijo—. Te encomiendo que los elijas. Pon a Alyn al mando, y asegúrate bien de que los hombres comprenden que su misión es poner fin a las reyertas, no iniciarlas. —Ned se levantó, abrió un arcón de cedro y sacó ropa interior de lino ligero—. ¿Has encontrado al mozo de cuadras?
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—Di a Jory que acuda a mis habitaciones, y pídele a tu padre que ensille mi caballo —ordenó Ned con cierta brusquedad.
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—Ya he oído bastante charla sobre putas por hoy —dijo Ned al tiempo que se levantaba—. Hasta mañana.
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—Seguro que en cuanto arrojemos al mar a todas las putas —replicó Meñique, lo que provocó otra carcajada.
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—Yo también estaba pensando en vuestro hermano Stannis. —Dijo Ned, que no había participado en la carcajada—. ¿Cuándo terminará su visita a Rocadragón y volverá a ocupar su puesto en este Consejo?
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—Menos mal que mi hermano Stannis no está aquí —intervino lord Renly riéndose—. ¿Os acordáis de aquella vez que propuso prohibir los burdeles? El rey le preguntó si no sería mejor prohibir también comer, cagar y respirar. A veces me pregunto cómo engendró Stannis a esa hija tan fea. Va al lecho conyugal como quien se dirige al campo de batalla, con una expresión sombría en el rostro, pero decidido a cumplir con su deber.
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—Y llenan más de un bolsillo —agregó Meñique—. Todas las posadas de la ciudad están ocupadas, y las putas caminan como si montaran a caballo.
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—Estos acontecimientos hacen prosperar al reino, mi señor —dijo el gran maestre Pycelle—. Dan a los grandes una oportunidad de alcanzar la gloria, y a los pequeños, un descanso en medio de sus preocupaciones.
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—Cuanto antes acabe esta locura, mejor —dijo. Por si no fuera suficiente con los gastos y las molestias, todos se empeñaban en echar sal en la herida de Ned denominándolo «el torneo de la mano», como si él fuera la causa. ¡Y Robert creía sinceramente que debería sentirse honrado!
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—Os lo agradezco, lord Eddard —dijo Slynt con una reverencia—. Os prometo que aprovecharemos al máximo vuestro esfuerzo.
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—Desde luego. Conseguiste cuarenta mil dragones de oro para el torneo; no me cabe duda de que encontrarás algo de calderilla para mantener la paz del rey. —Ned se volvió hacia Janos Slynt—. También te cederé a veinte espadas de mi casa para que sirvan con la Guardia hasta que acaben los festejos.
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—Ah, ¿sí? —dijo Meñique.
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—Contrata a cincuenta hombres —le dijo Ned—. Lord Baelish se encargará de que recibas fondos.
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—¿Cuántos? —preguntó Ned inclinándose hacia delante. Como de costumbre, Robert no se había molestado en asistir a la sesión del Consejo, así que la mano tenía la obligación de hablar en su nombre.
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—Ni el propio Aegon el Dragón podría mantener la paz, lord Renly. —Janos, un hombre grueso y con papada, se hinchó como un sapo furioso, con el rostro enrojecido—. Lo que necesito son más hombres.
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