Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—Hacia allí voy yo —sonrió el joven. Como ella había supuesto, tenía más interés en contar su historia que en escuchar las ajenas. Nada le gustaba tanto a un juglar como el sonido de su voz—. El torneo de la mano atraerá a grandes señores con las bolsas bien repletas. La última vez gané más plata de la que podía cargar… o de la que habría podido cargar, si no la hubiera perdido toda apostando por la victoria del Matarreyes.
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—Salimos de Desembarco del Rey hace dos semanas —dijo Catelyn, en respuesta a la menos comprometedora de las preguntas.
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—También sobre ti, juglar —saludó a su vez Catelyn.
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—Las siete bendiciones caigan sobre vosotros, buena gente —dijo cuando se sentaron. Tenía delante una copa de vino vacía.
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—Vamos, padre —dijo Catelyn cogiéndose de su brazo—. Masha Heddle es una excelente cocinera, pronto lo verás. Eso sí, mejor no alabes sus guisos. Su sonrisa te estropearía la cena.
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—Tenéis razón, mi señora —asintió ser Rodrik. La carcajada de Catelyn lo hizo caer en la cuenta de lo que había dicho—. Es difícil olvidar las costumbres de toda una vida, mi… hija mía. —Fue a retorcerse los desaparecidos bigotes y dejó escapar un suspiro de exasperación.
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—Será mejor que dejemos de ser señora y caballero hasta que estemos más allá del Cuello —respondió ella—. Los viajeros sin rango llaman menos la atención. Podemos ser un padre y su hija que recorren el camino Real por asuntos familiares.
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—Si queréis cenar algo, más vale que nos demos prisa, mi señora —dijo.
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—Dejad las botas aquí —dijo Masha en cuanto le hubieron pagado—. El chico os las limpiará. No quiero que me embarréis las escaleras. Y estad atentos a la campana; el que llega tarde a la mesa no come.
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—Solo me quedan dos habitaciones en la planta de arriba —dijo sin dejar de mascar—. Están bajo el campanario; así, seguro que no os olvidáis de las horas de las comidas, aunque a algunos les parece que el ruido es excesivo. Pero no hay otra cosa, estamos hasta arriba. O dormís en esas habitaciones, o en el camino.
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—No os ha reconocido —se asombró ser Rodrik cuando hubieron pasado de largo.
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—Son hombres de Mallister —le susurró ser Rodrik, como si ella no se hubiera dado cuenta—. Será mejor que os echéis la capucha sobre la cara, mi señora.
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—Una posada —repitió ser Rodrik, melancólico—. Ojalá… Pero no podemos correr el riesgo. Si queremos conservar el anonimato, es mejor que busquemos algún refugio de pastores… —Se interrumpió bruscamente al oír unos sonidos más adelante en el camino: chapoteos en el agua, el tintineo de la malla, el relincho de un caballo—. Jinetes —avisó al tiempo que echaba mano a la espada. Nunca estaba de más ser precavido, ni siquiera en el camino Real.
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—En la próxima encrucijada hay una posada —le dijo Catelyn.
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—Estoy empapado —se quejó ser Rodrik—. Calado hasta los huesos. —Los rodeaba un bosque cerrado, y el golpeteo constante de la lluvia en las hojas se acompasaba con el chapoteo de los cascos de los caballos en el lodo del camino—. Esta noche nos hará falta una buena hoguera, mi señora. Y tampoco nos sentaría mal una buena cena caliente.
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—No es más que agua, ser Rodrik —replicó Catelyn. Tenía el pelo completamente empapado, con mechones pegados a la frente, y se imaginaba el aspecto descuidado que debía de presentar, pero por una vez no le importaba en absoluto. La lluvia del sur era suave y cálida. A Catelyn le gustaba sentirla en la cara, dulce como el beso de una madre. La hacía volver a su infancia, a los largos días grises en Aguasdulces. Recordaba bien el bosque de dioses, las ramas dobladas por el peso de la humedad, las risas de su hermano, que la perseguía entre montones de hojas mojadas. Recordaba cómo preparaba con Lysa pasteles de barro, lo pesados que eran, y cómo le resbalaba el lodo entre los dedos.
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—Deberíais cubriros la cabeza, mi señora —le dijo ser Rodrik mientras los caballos trotaban hacia el norte—. Os vais a resfriar.
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—Lord Renly es tan hermano de lord Stannis como del rey —dijo Jory mientras se dirigía hacia el guardarropa.
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—Todavía no —dijo Ned—. Esperaré a tener una idea más precisa de qué está pasando, y de su papel en esto.
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—Lástima que Lysa se los llevara —gruñó Ned—. Los dioses nos ponen todos los impedimentos que pueden. Lady Lysa, el maestre Colemon, lord Stannis… todo el que podía saber qué le sucedió a Jon Arryn está a mil leguas.
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