Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—Me parece muy bien —dijo—. Mi espada está a tu servicio… pero no pienso ir por ahí hincando la rodilla en tierra y llamándote «mi señor» cada vez que te tiras un pedo. Yo no adulo a nadie.
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—En fin, al menos tendré a alguien que me llore con dolor sincero —sonrió Tyrion—. El oro se acaba conmigo.
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—¿Y si mueres? —Bronn sopló con suavidad sobre el fuego y las llamas se elevaron.
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—Bien hecho —dijo Tyrion—. Puede que seas escoria, pero resultas de lo más útil, y con la espada en la mano eres casi tan bueno como mi hermano Jaime. ¿Qué quieres, Bronn? ¿Oro? ¿Tierra? ¿Mujeres? Mantenme con vida y lo tendrás.
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—Espera, ya lo hago yo. —Le cogió el puñal y el pedernal, los hizo chocar, y las chispas saltaron al primer intento. Un rizo de corteza empezó a humear.
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—Eso me dice todo el mundo. —Tyrion alzó la vista hacia el mercenario—. ¿Te he ofendido? Pues perdóname…, pero eres escoria, Bronn, no te llames a engaño. No te importa nada el honor, el deber ni la amistad. No, no te molestes, los dos sabemos que es así. Pero no eres ningún idiota. Cuando llegamos al Valle, lady Stark ya no te necesitaba… y en cambio, yo sí. Y si hay algo de lo que los Lannister estamos sobrados es de oro. Cuando llegó el momento de lanzar los dados, contaba con que fueras suficientemente listo como para saber qué te interesaba más. Y, por suerte para mí, así fue. —Volvió a chocar la piedra contra el acero, sin resultados. Bronn se acuclilló a su lado.
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—Tienes una lengua muy osada, hombrecito —dijo Bronn dejando escapar un bufido—. El día menos pensado, alguien te la cortará y te la hará tragar.
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—Muchas gracias —dijo—. Lo malo era que no conocíais a los Stark. Lord Eddard es un hombre orgulloso, honorable y honrado, y su esposa es todavía peor. Oh, no me cabe duda de que os habría dado un par de monedas cuando esto acabara; os las habría puesto en la mano con una palabra adecuada y una mueca de repugnancia, pero nada más. Los Stark solo quieren a su servicio hombres valientes, leales y nobles. Y vamos a ser sinceros: Chiggen y tú erais escoria. —Tyrion chocó el pedernal contra el puñal, tratando de provocar una chispa. No sucedió nada.
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—No lo sabía. —Tyrion se acuclilló sobre las piernecillas deformes para encender la hoguera—. Simplemente, tiré los dados. Aquella noche, en la posada, Chiggen y tú ayudasteis a cogerme prisionero. ¿Por qué? Los demás lo consideraban un deber, por el honor de los señores a los que servían, pero no era vuestro caso. No teníais señor ni deber, y de honor también ibais escasos, así que, ¿por qué os metisteis? —Desenfundó el cuchillo y peló la corteza de algunas ramas para prender el fuego—. ¿Por qué hace cualquier cosa un mercenario? Por oro. Pensabais que lady Catelyn os recompensaría por vuestra ayuda; quizá incluso que os tomaría a su servicio. Bueno, creo que esto ya está. ¿Tienes pedernal?
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—Necesitaba tu espada, no tu amor eterno —replicó Tyrion. Soltó la brazada de leña en el suelo. Bronn sonrió.
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—Ya estaba muriéndose —replicó Bronn—. Y con sus gemidos no hacía más que atraer a los bandidos. Chiggen habría hecho lo mismo conmigo. Y no era mi amigo; solo cabalgaba conmigo. No te equivoques, enano: luché por ti, pero no te tengo aprecio.
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—Morir, probablemente. —Tyrion se agachó para recoger otro palo seco.
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—Iré a buscar carne. —Bajo la maraña de pelo negro, los ojos oscuros de Bronn miraron a Tyrion con desconfianza—. Debería dejarte aquí, con tu hoguera de chiflado. Si me llevara tu caballo tendría el doble de posibilidades de escapar. ¿Y qué harías tú, enano?
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—Entonces prefiero morir cómodo —replicó Tyrion—. Nos hace falta una hoguera. Aquí arriba las noches son frías; una comida caliente nos consolará el estómago y nos levantará el ánimo. ¿Podrías cazar algo? Lady Lysa ha tenido la bondad de proporcionarnos un festín de carne en salazón, queso duro y pan rancio, pero no me gustaría romperme un diente mientras estemos tan lejos del maestre más cercano.
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—En ese caso, Lannister, nos podemos dar por muertos. —Bronn hizo una mueca.
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—Cabalgar hasta agotarnos —contestó Tyrion encogiéndose de hombros—, y encima de noche, es una manera segura de caer montaña abajo y rompernos el cráneo. Yo prefiero ir despacio y sin agobios. Sé que te gusta la carne de caballo, Bronn, pero si matamos a los caballos tendremos que ensillar gatosombras… y, si quieres que te diga la verdad, creo que los clanes darán con nosotros, hagamos lo que hagamos. Nos tienen bien vigilados. —Hizo un movimiento con la mano enguantada en dirección a los riscos altos, azotados por el viento, que los rodeaban.
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—¿Crees que me vas a sobrevivir, enano? —El mercenario sonrió. Tenía un hueco oscuro allí donde el borde del escudo de ser Vardis Egen le había roto un diente.
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—Un plan excelente, Bronn —dijo Tyrion Lannister con un suspiro—. Llévalo a cabo… y perdóname si no me paro a enterrarte.
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—En un enfrentamiento, moriríamos —dijo Bronn—, pero dos personas pueden avanzar más deprisa que un grupo de diez, y llaman menos la atención. Cuanto menos tiempo estemos en estas montañas, más probabilidades tendremos de llegar a las tierras de los ríos. Quiero que cabalguemos hasta agotarnos. Viajaremos de noche y nos esconderemos de día; siempre que sea posible nos saldremos del camino, no haremos ruido y, desde luego, no encenderemos hogueras.
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—¿Y cómo piensas hacerlo? —preguntó Tyrion. Se puso la rama bajo el brazo y siguió hurgando entre la escasa maleza, en busca de más. Cada vez que se agachaba le dolía la espalda. Llevaban cabalgando desde el amanecer, desde que un ser Lyn Corbray de rostro impenetrable los acompañara hasta la Puerta de la Sangre y les ordenara no volver jamás.
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