Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—Arrollaron a mi aprendiz —intervino un hombre achaparrado con músculos de herrero y la cabeza vendada. Se había puesto sus mejores ropas para acudir a la corte, pero llevaba los calzones manchados y la capa polvorienta—. Lo persiguieron a caballo por los campos, jugaron con él; lo pinchaban con las lanzas y se reían como si fuera un juego. El chico no hacía más que gritar y caerse, y al final el grandote lo traspasó.
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—Nos quemaron las casas —dijo un granjero, junto a él—. Llegaron a caballo en la oscuridad, venían del sur, y prendieron fuego a los campos y a las casas, mataron a todo el que intentó detenerlos. Pero no eran ladrones, mi señor; no querían robarnos el ganado ni nada de eso; mataron a mi vaca lechera y la dejaron allí, para que se la comieran las moscas y los cuervos.
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—Su alteza está cazando al otro lado del Aguasnegras —dijo Ned. Le parecía increíble que un hombre pudiera pasar la vida entera a apenas unos días a caballo de la Fortaleza Roja sin tener la menor idea de cuál era el aspecto del rey. Él vestía un jubón de lino blanco con el lobo huargo de los Stark en el pecho; el broche de plata en forma de mano, que era el emblema de su cargo, lo utilizaba para sujetarse la capa negra. Blanco, negro y gris, todas las tonalidades de la verdad—. Yo soy lord Eddard Stark, la mano del rey. Dime quién eres y qué sabes de esos jinetes.
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—Joss —dijo ser Raymun Darry a un hombre regordete y calvo que llevaba delantal de tabernero—, cuéntale a la mano lo que sucedió en Sherrer.
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—Levantaos —les ordenó Ned a los aldeanos. Jamás confiaba en lo que le decía un hombre arrodillado—. Venga, levantaos todos.
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—¿Bandidos, lord Varys? —La voz de ser Raymun Darry rezumaba desprecio—. Desde luego, sin duda eran bandidos. Bandidos Lannister.
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—¿Seguro que no eran simples bandidos? —preguntó Varys con voz suave desde la mesa del Consejo, bajo el trono.
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—¿Así que decías la verdad? —El mercenario masticó y tragó—. ¿El cuchillo no era tuyo?
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—Para empezar me buscaré una puta, una buena cama y una jarra de vino. —Tyrion le acercó el trozo de pan y Bronn se lo llenó de carne—. Y de ahí a Roca Casterly o a Desembarco del Rey, ya veré. Me gustaría obtener respuestas a ciertas preguntas, relativas a un puñal que yo me sé.
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—¿Qué harás si conseguimos llegar al río? —preguntó el mercenario mientras cortaba la carne.
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—Me he quedado la plata —le había dicho Tyrion con una sonrisa malévola—. Pero te prometí el oro, y ahí lo tienes. —Era más del que alguien como Mord podría ganar en toda una vida de maltratar prisioneros—. Y recuerda lo que te dije: es solo el aperitivo. Si alguna vez te cansas de servir a lady Arryn, preséntate en Roca Casterly y te pagaré el resto de lo que te debo. —Mord, con las manos llenas a rebosar de dragones de oro, cayó de rodillas y le prometió que lo haría.
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—Y aun así le diste al carcelero una bolsa de oro —dijo Bronn.
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—¿Qué alternativa nos queda? —Tyrion se encogió de hombros, se inclinó sobre el fuego y cortó una fina tajada de cabrito—. Ah… —suspiró, feliz, mientras masticaba. La grasa le corrió por la barbilla—. Está un poco duro para mi gusto, y le faltan condimentos, pero no voy a quejarme demasiado. A estas horas, en el Nido de Águilas estaría bailando al borde del vacío, suplicando un plato de judías hervidas.
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—Más bien una esperanza —respondió Tyrion—. Otra tirada de dados.
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—Tienes un plan —dijo sin dejar de afilar el acero.
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—Oh, me imagino que estarán aquí mucho antes de que nos durmamos. —El olor del cabrito hacía salivar a Tyrion. Bronn lo miró desde el otro lado de la hoguera.
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—Eso, una mujer y una docena de hombres armados —replicó Bronn. Estaba sentado ante la hoguera, con las piernas cruzadas, y afilaba la espada con una piedra de amolar. El sonido que hacía al pasarla por el acero resultaba, a su extraña manera, reconfortante—. Pronto habrá anochecido del todo —señaló el mercenario—. Me encargaré de la primera guardia, aunque no va a servir de gran cosa. Casi sería mejor dejar que nos mataran mientras dormimos.
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—Lo único que nos falta es un buen vino para bajar el cabrito —dijo Tyrion.
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—Cuida de los caballos —replicó Bronn al tiempo que desenfundaba el cuchillo largo que le colgaba de la cadera. Se adentró entre los árboles.
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—Tampoco eres amigo de nadie —replicó Tyrion—. No me cabe duda de que me traicionarías tan deprisa como traicionaste a lady Stark si con ello sacaras algún beneficio. Si en algún momento te entran tentaciones de venderme, acuérdate de esto, Bronn: igualo cualquier oferta, la que sea. Me gusta la vida. En fin, ¿no ibas a buscar algo para que cenáramos?
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