Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—El Pez Negro —dijo Robb—. Os agradezco que os unáis a nosotros. Necesitamos hombres valerosos como vos. En cuanto a vos, ser Wendel, me alegra teneros aquí. ¿Viene contigo ser Rodrik, madre? Lo he echado de menos.
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—No pensaba venir —respondió Catelyn—, hasta que desembarcamos en Puerto Blanco, y lord Wyman me dijo que Robb había convocado a los vasallos. Ya conocéis a su hijo, ser Wendel. —Wendel Manderly dio un paso al frente e hizo una reverencia tan marcada como le permitía la circunferencia de su barriga—. Y mi tío, ser Brynden Tully, que ya no está al servicio de mi hermana, sino al mío.
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—No pensaba que os vería aquí, mi señora —dijo al tiempo que se arrodillaba.
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—Lady Catelyn —dijo—. Estáis tan bella como siempre; sois una hermosa visión en estos tiempos difíciles.
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—Me gusta cómo te queda. —Catelyn acarició la cabeza del lobo—. Así te pareces a mi hermano Edmure. —Viento Gris le lamió los dedos, juguetón, y volvió a su lugar junto al fuego.
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—Sí. —Él se frotó el vello de la barbilla, más rojizo que el cabello, repentinamente incómodo.
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—Te has dejado barba —le dijo a Robb mientras Viento Gris le olisqueaba la mano.
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—¿Madre? —dijo, con la voz entrecortada por la emoción.
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—Pues recuérdame que me ponga a cubierto —dijo ser Brynden dejando escapar una risita—. Si mal no recuerdo, yo también soy sureño.
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—… trampa mortal —terminó Catelyn—. Ya sé que lo parece, tío; a mí me dio la misma sensación la primera vez que lo vi, pero a decir de Ned, estas ruinas son más formidables de lo que parecen. Desde las tres torres que quedan en pie se domina por completo el camino elevado; cualquier enemigo debe pasar entre ellas. Aquí, los pantanos son impenetrables, hay arenas movedizas y abundan las serpientes. Si un ejército intentara tomar por asalto cualquiera de las torres, tendría que vadear un lodo negro que llega a la cintura, cruzar un foso lleno de lagartos león y trepar por muros resbaladizos de musgo; todo eso mientras los arqueros disparan desde las otras torres. —Dirigió a su tío una sonrisa sombría—.
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—Los dioses se apiaden de nosotros —exclamó ser Brynden al ver aquel espectáculo—. ¿Esto es Foso Cailin? Pero si no es más que una…
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«Mi hijo lleva un ejército a la guerra», pensó sin terminar de creérselo. Tenía miedo por él y por Invernalia, pero no podía negar que también sentía cierto orgullo. Hacía un año, Robb era un niño. ¿Qué sería en aquel momento?
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—Si hubiera pensado que volvería a ver una guerra, no habría comido tantas anguilas —le había dicho a Catelyn cuando llegó a su barco, al tiempo que se palmeaba el enorme vientre con ambas manos. Tenía los dedos rollizos como salchichas—. Pero mis chicos os llevarán a salvo junto a vuestro hijo; no temáis.
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—Aguardan nuestra llegada, mi señora —dijo ser Wylis Manderly—, como mi señor padre juró que harían.
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—Si no lo abres ahora mismo —dijo ser Jorah acercándose más al puesto—, lo abriré yo. Con tu cabeza. —No llevaba armas: estaban en la ciudad sagrada, solo tenía sus manos… pero con las manos le bastaba: eran grandes, duras, peligrosas, con los nudillos cubiertos de vello negro. El mercader titubeó un momento, cogió el martillo y rompió el tapón del barrilito—. Sirve —le ordenó ser Jorah.
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—El vino es para la khaleesi —replicó el comerciante con el ceño fruncido—, no para personas como vos.
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—No. —Tenía un tono extraño, brusco—. Aggo, deja ese barril aquí. —Aggo miró a Dany. Ella asintió, titubeante.
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—Khal Drogo y yo lo tomaremos juntos. Aggo, pon esto en mi litera, por favor. —El comerciante de vinos sonrió de oreja a oreja cuando el dothraki cogió el barrilito.
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—El honor es mío. —El comerciante rebuscó en la parte trasera del tenderete, y volvió con un barrilito de roble. Llevaba grabado a fuego un racimo de uvas—. El blasón de los Redwyne —dijo—, del Rejo. No hay bebida mejor.
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—Me honráis —murmuró con voz dulce. En las visitas de Khal Drogo a las Ciudades Libres, su esposo se había aficionado a los buenos vinos, y sabía que aquella cosecha tan noble lo complacería.
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