Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—Rhaegar fue el último dragón —le dijo. Se calentó las manos translúcidas sobre un brasero, en el que los huevos de piedra humeaban, rojos como carbones. Y se desvaneció; su carne perdió el color, tuvo menos sustancia que el viento—. El último dragón —le susurró débilmente antes de esfumarse.
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—Mi hogar —susurró cuando él la penetró y la llenó con su semilla.
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—En cuanto sea posible, te dejaré preñada —dijo Joffrey mientras caminaban por el patio de entrenamientos—. Si el primero sale estúpido, te cortaré la cabeza y me buscaré una esposa más lista. ¿Cuándo crees que podrás tener hijos?
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—Gracias, alteza —murmuró.
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—Sí. Tiene miedo de que nuestros hijos sean tan estúpidos como tú, pero le he dicho que no debe preocuparse. —El rey hizo un gesto, y ser Meryn les abrió la puerta.
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—¿De veras? —Con todo lo que había pasado, ya no debería tener el poder de hacerle daño con unas simples palabras, pero le seguían resultando dolorosas. La reina había sido siempre tan amable con ella…
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—«Alteza» —la corrigió bruscamente—. Eres estúpida, ¿no? Mi madre dice que sí.
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—Pasea conmigo —le ordenó Joffrey al tiempo que le ofrecía el brazo. Sansa no tuvo más remedio que aceptar. El roce de su mano, que otrora la habría emocionado, entonces le provocaba escalofríos—. Pronto será mi día del nombre —añadió Joffrey mientras se dirigían hacia el fondo del salón del trono—. Habrá un gran festín, y regalos. ¿Qué me vas a regalar tú?
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—Gracias, alteza —dijo Sansa. Eran palabras vacías, pero lo hicieron asentir y sonreír.
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«En la vida real, los monstruos vencen», se dijo, y volvió a oír la voz del Perro, un sonido frío de metal contra piedra: «Ahorraos un poco de dolor, niña. Dadle lo que quiere».
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«Ya no quedan héroes», susurró una vocecita en su interior, y recordó lo que lord Petyr le había dicho en aquel mismo lugar: «La vida no es una canción, querida. Algún día lo descubrirás, y será doloroso».
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—Si amabas a un traidor, seguro que tú también eres una traidora —dijo Joffrey. Dos capas doradas se la llevaron a rastras a las mazmorras.
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—Igual que yo —replicó él.
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—No —dijo al tiempo que se levantaba. Habría querido gritarle, golpearlo, hacerle tanto daño como le había hecho a ella, advertirle que si se atrevía a abofetearla de nuevo ordenaría que lo exiliaran cuando fuera reina… pero recordó lo que le había dicho el Perro—. Haré lo que ordene su alteza.
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—Mi señora —dijo con una reverencia, como si no la hubiera golpeado con saña hacía apenas tres horas—. Su alteza me ha ordenado que os escolte hasta el salón del trono.
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—Por favor, necesito agua caliente para el baño —les dijo—. Y perfume, y polvos para tapar esta magulladura. —Tenía el lado derecho de la cara hinchado; le empezaba a doler, pero sabía que Joffrey querría verla hermosa.
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—Quiere que sonriáis, que oláis bien y que seáis su dama —gruñó el Perro—. Quiere oíros recitar todas las palabras bonitas que os enseñó la septa. Quiere que lo améis… y que lo temáis.
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—«Alteza» —la corrigió Joffrey—. Quiero verte en la corte. —Dio media vuelta y salió. Ser Meryn y ser Arys lo siguieron, pero Sandor Clegane se demoró un instante para ayudarla a ponerse en pie.
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—Haré… lo que decís… mi señor. —Sansa no sentía la oreja. Se llevó la mano hacia ella, y los dedos se le mancharon de rojo.
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—Mi madre me dice que no está bien que un rey golpee a su esposa —dijo Joffrey con el rostro tenso—. Ser Meryn.
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