Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—Mi señor padre… —Ser Flement Brax, que vestía un tabardo color plata y morado, lo miraba como sin comprender lo que oía.
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—Has dicho que atacaron de noche —intervino ser Kevan.
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—El hombre que no ve nada no necesita ojos —declaró la Montaña—. Sacádselos y entregádselos al próximo oteador. Decidle que suponéis que cuatro ojos verán más que dos… y, de lo contrario, el hombre que lo suceda tendrá seis.
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—Casi todos habían desaparecido —contestó el mensajero manchado de sangre sacudiendo la cabeza—. Creemos que fue obra de Marq Piper. Y los que volvieron no habían visto nada.
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—¿Y los oteadores? —El rostro de ser Gregor Clegane parecía tallado en roca. El fuego de la chimenea le daba a la piel un sombrío tono naranja y le dibujaba grandes sombras en las órbitas de los ojos—. ¿No vieron nada? ¿No os advirtieron?
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—Lo que dice ser Kevan es cierto, mis señores —dijo el mensajero—. Habíamos alzado empalizadas de estacas afiladas en torno a los campamentos, pero no sirvieron de nada: nos cogieron desprevenidos y con las fuerzas separadas por los ríos. Atacaron primero el campamento norte. No lo esperábamos. Marq Piper había tendido emboscadas a nuestros carromatos de suministros, pero no tenía más de cincuenta hombres. Ser Jaime había salido la noche anterior para enfrentarse a ellos… Bueno, eso pensábamos, pero en realidad no era el grueso de su ejército. Nos habían dicho que Stark estaba al este del Forca Verde, y que marchaba hacia el sur…
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—Yo habría hecho lo mismo —replicó su tío, en tono mucho más sereno que el que habría utilizado Tyrion—. Nunca habéis visto Aguasdulces, ser Harys; de lo contrario sabríais que Jaime no tenía otra opción. El castillo está situado al final de la punta de tierra en la que el Piedra Caída fluye hacia el Forca Roja del Tridente. Los ríos forman dos lados de un triángulo y, cuando hay algún peligro, los Tully abren las esclusas corriente arriba y crean un foso ancho en el tercer lado, con lo que Aguasdulces se convierte en una isla. Los muros se alzan directamente en el agua, y desde las torres, los defensores dominan el panorama en muchas leguas a la redonda.
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«Mejor que tú, cobarde sin barbilla», pensó Tyrion. Aunque Jaime hubiera perdido Aguasdulces, no soportaba que lo criticara alguien como Swyft, un lameculos desvergonzado cuyo mayor logro había sido casar con ser Kevan a su hija, tan carente de barbilla como él, y así emparentar con los Lannister.
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—¿Cómo ha podido suceder esto? —gemía ser Harys Swyft—. ¿Cómo? Pese a lo del bosque Susurrante, Aguasdulces estaba rodeado por todo un ejército… ¿Qué clase de locura inspiró a ser Jaime para dividir a sus hombres entre tres campamentos? ¿No sabía que eso los haría vulnerables?
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«A uno de tus hijos», pensó Tyrion. Bebió un trago de vino sin decir palabra. Pensaba en Jaime. Cuando alzó el brazo, el dolor se lo recorrió como un latigazo desde el codo, para recordarle su breve experiencia en el campo de batalla. Quería a su hermano, pero no habría querido estar con él en el bosque Susurrante ni por todo el oro de Roca Casterly.
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—Así es, mi señor. —La voz del mensajero estaba rota de puro agotamiento. Tenía el chaleco desgarrado, con el jabalí pinto de Refugio Quebrado manchado de sangre seca.
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—Tienen a mi hijo —dijo Tywin Lannister.
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—Un cascarón, duro como la roca. —El caballero la miró con cautela—. Escamas.
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—Venid aquí, ser Jorah —pidió. Le cogió la mano y la puso sobre el huevo negro, el de las espirales color escarlata—. ¿Qué sentís?
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«El dolor también se ha quemado», pensó. Sentía tristeza, pero… aun así, notaba que Rhaego se alejaba de ella, como si no hubiera existido jamás.
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«Mi hijo está muerto», pensó mientras Jhiqui salía de la tienda. En cierto modo, lo había sabido desde el principio, desde que despertara por primera vez y viera las lágrimas en los ojos de Jhiqui. No, lo había sabido antes aun de despertar. De pronto recordó el sueño, recordó al hombre alto de la piel cobriza y la larga trenza de oro blanco que estallaba en llamas.
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—El niño… no vivió, khaleesi —dijo la doncella con la mirada baja.
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—¿Qué pasa? Tengo que saberlo de una vez. Drogo… y mi hijo. —¿Por qué no había pensado en el bebé hasta entonces?—. Mi hijo… Rhaego… ¿dónde está? Traédmelo.
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—Voy… voy a llamar a ser Jorah. —La chica lysena inclinó la cabeza y salió también corriendo de la tienda.
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—El khal vive —respondió Irri en voz baja, y salió corriendo a buscar el agua.
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