Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—Soy un comerciante, khaleesi. —Los ojos de Xaro brillaron tanto como las joyas con que se adornaba la nariz—. Así que, en vez de hablar de dar, tendríamos que hablar de comerciar. A cambio de uno de vuestros dragones os daré los diez mejores barcos de mi flota. Sólo tenéis que pronunciar una palabra, una dulce palabra.
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—Un barco, sí. —Dany se sonrojó. Detestaba tener que suplicar.
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—Un ejército, ¿verdad? —preguntó Xaro—. ¿Un cubo de oro? ¿Tal vez un galeón?
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—En ese caso, marchaos —dijo el hombre con frialdad.
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—Y así era entonces. —Xaro parecía preocupado—. Pero ahora ya no estoy tan seguro. Se dice que las velas de cristal vuelven a arder en la casa de Urrathon Nocturno; hacía cien años que no se veían. En el Jardín de Gehane crece hierba fantasma, se han visto espíritus de tortugas que llevan mensajes entre las casas sin ventanas del camino de los Brujos, y todas las ratas de la ciudad se están cortando las colas a mordiscos. La esposa de Mathos Mallarawan, que se burló una vez de la túnica apolillada de un brujo, ha enloquecido y se niega a llevar ropa. Incluso las sedas recién lavadas la hacen sentir como si un millar de insectos le corrieran sobre la piel. Y hasta el ciego Sybassion el Comeojos, ha recuperado la vista, según dicen sus esclavos. Son demasiadas coincidencias. —Suspiró—.
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«Esa victoria fue de Drogon, no mía», habría querido decir Dany, pero se contuvo. Los dothrakis la respetarían todavía más si se ponía unas cuantas campanas en el pelo. El tintineo se oyó cuando montó a lomos de su yegua plata y también con cada paso de su montura, pero ni Ser Jorah ni sus jinetes de sangre lo mencionaron. Eligió a Rakharo para cuidar de su gente y de sus dragones mientras estuviera ausente, y Jhogo y Aggo la acompañaron a los muelles.
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—No he conseguido ninguna victoria —dijo a su doncella al oír el suave tintineo de la campanilla.
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—Llévate eso —dijo Dany—. Los muelles no son lugar apropiado para ropas finas.
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—Para mí no. Tengo la capa blanca. Y también esto. —Dio unas palmaditas en el pomo de su espada—. El hombre que intente detenerme es hombre muerto. A menos que esté ardiendo. —Rió con amargura.
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—No podréis salir —dijo Sansa—. La Reina ha cerrado el Torreón de Maegor, y las puertas de la ciudad también están cerradas.
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—¿Os vais? —Trató de liberarse de su presa, pero la mano parecía de hierro.
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—No. Una mierda. No quiero que muera. —Tiró a un lado la jarra vacía—. Quiero que arda. Si los dioses son bondadosos, harán que arda, pero yo no estaré aquí para verlo. Me voy.
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—Todo. —La parte quemada de su rostro era una máscara de sangre seca—. Maldito enano. Tendría que haberlo matado. Hace años.
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—¿Quién? —preguntó, demasiado asustada para negarse.
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—Si gritas te mataré, puedes estar segura. —Le quitó la mano de la boca. Respiraba trabajosamente. El Perro tenía una jarra de vino en la mesilla de Sansa, y bebió un largo trago—. ¿No quieres saber quién va ganando la batalla, pajarito?
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—Dama —sollozó en voz baja, mientras se preguntaba si cuando muriera volvería a reunirse con su loba.
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«Me voy a dormir —se dijo—, y cuando despierte será otro día, y el cielo volverá a estar azul. La batalla habrá terminado, y alguien vendrá para decirme si voy a morir o no.»
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«Alguien irá a buscarme —pensó Sansa—, pero ¿seréis vos o será Ser Ilyn? —Durante un instante de locura se le ocurrió suplicar a Dontos que la defendiera. Él también había sido caballero, sabía manejar la espada y había jurado defender a los débiles—. No. No tiene valor, ni fuerza. Sólo serviría para que él también muriese.»
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—Retiraos a vuestro dormitorio, dulce Jonquil —susurró—. Encerraos por dentro; allí estaréis más segura. Iré a buscaros cuando termine la batalla.
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—Ayudadlo —ordenó Sansa a dos de los criados. Uno la miró, y salió corriendo con jarra y todo. Otros criados se estaban dando a la fuga también, pero eso no lo podía evitar. Sansa ayudó al otro criado a poner en pie al caballero herido—. Llevadlo al maestre Frenken.
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