Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—¿Crees que eso te ha dolido? —dijo él—. Pues verás esto. —La madera silbó de nuevo. Arya volvió a gritar y tuvo que aferrarse al árbol para no caer—. Uno más. —Se agarró con fuerza; se mordió el labio; entrecerró los ojos al oír el silbido. El golpe la hizo saltar y gritar. «No voy a llorar —pensó—. No lloraré. Soy una Stark de Invernalia, nuestro blasón es el lobo huargo; los lobos huargos no lloran.» Sintió que un hilillo de sangre le corría por la pierna izquierda. Notaba las nalgas y los muslos ardiendo—. ¿Puedo contar con que ahora me prestarás atención? —preguntó Yoren—. La próxima vez que golpees con ese palo a uno de tus hermanos, recibirás el doble de lo que des, ¿entendido? Venga, vístete.
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«No gritaré», pensó Arya, testaruda. Pero cuando la espada de madera en manos de Yoren se estrelló contra la parte trasera de sus muslos desnudos, no pudo contener un aullido.
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—Si tuviera un ápice de sentido común, te habría dejado en Desembarco del Rey. ¿Me oyes, chico? —Aquella palabra siempre la pronunciaba como un ladrido, como un latigazo, tal vez para estar seguro de que la oía bien—. Desátate los calzones y bájatelos. Venga; aquí no te ve nadie. —Arya obedeció de mala gana—. Ponte ahí, contra ese roble. Eso, así. —Se abrazó al tronco y apretó la cara contra la madera áspera—. Ahora vas a gritar. Y mucho.
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—¡Basta! —rugió el hermano negro al tiempo que le arrancaba la espada de madera de entre los dedos—. ¿Es que quieres matar a este imbécil? —Lommy y algunos de los otros empezaron a chillar, y el viejo se volvió también hacia ellos—. Si no cerráis las bocas, os las voy a cerrar yo. Como esto se repita, os ataré a la parte de atrás de los carromatos y os llevaré al Muro a rastras. —Escupió al suelo—. Eso va sobre todo por ti, Arry. Ven conmigo, chico. Ahora mismo.
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—¡Detrás de ti! —gritó el Toro.
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—¿Tú también quieres probar la espada? —le gritó.
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—Eso no es más que un palo —dijo Pastel Caliente. Se acercó a lomos del asno y tendió la mano hacia la empuñadura de Aguja.
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—Te puedo dar ésta —dijo Arya, por no pelear, sacando del cinturón la espada de entrenamiento.
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—Lo tiré al suelo y le di de patadas en los huevos, y seguí dándole de patadas hasta que lo maté —se vanaglorió Pastel Caliente—. Lo hice migas. Tenía los huevos destrozados, llenos de sangre, y la polla toda negra. Así que dame la espada.
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—Más te valdría darle la espada a Pastel Caliente, Arry —dijo Lommy—. Le tiene muchas ganas. ¿Sabías que mató a un chico a patadas? Pues a ti te puede hacer lo mismo.
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—Dejadlo en paz —dijo el muchacho del pelo negro enmarañado que cabalgaba tras ellos.
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—Se va a mear en los pantalones —dijo Pastel Caliente.
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—Mira qué cara pone —rebuznó Lommy Manosverdes—. Se va a echar a llorar. ¿Vas a llorar, Chichones?
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—Chicharrones, dame esa espada. —dijo Pastel Caliente, clavando los talones a su asno para acercarse más. Tenía el pelo color paja, y el rostro regordete, quemado por el sol y despellejado—. Tú no sabes manejarla.
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—Venga —lo alentó Lommy—. Quítasela, ¿a que no te atreves?
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—Pues si la ha robado, nosotros se la podemos quitar —dijo Pastel Caliente—. Como no es suya... A mí me iría muy bien una espada así.
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—¡Es mentira! —gritó ella. Aguja había sido un regalo de Jon Nieve. Tenía que aguantar que la llamaran Chichones, pero no permitiría que dijeran que Jon era un ladrón.
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—Chichones —lo corrigió Lommy—. Seguro que la ha robado.
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—¿Y de dónde has sacado semejante espada, Chicharrones? —quiso saber Pastel Caliente.
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—Es acero forjado en castillo, imbéciles —les espetó Arya al tiempo que se volvía en la silla para mirarlos. Se indignaba cada vez que alguien se burlaba de Aguja—. Y más os vale cerrar la boca.
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