Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—Así se hará, khaleesi —dijo Aggo.
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—Dice la verdad, mi reina —comentó Ser Jorah cuando también Quaithe se hubo marchado—. Aunque no confío en ella más que en los otros.
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—Tened cuidado —dijo la mujer de la máscara de laca roja.
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«Todos los grandes de Qarth vendrán a ver mis dragones», pensó Dany, pero agradeció a Xaro su amabilidad antes de darle permiso para retirarse. Pyat Pree también se marchó, no sin antes jurarle que pediría a los Eternos que le concedieran una audiencia, «un honor tan poco frecuente como las nieves de verano». Antes de salir le besó el pie desnudo con aquellos labios color azul claro, y le entregó un obsequio, una vasija de ungüento que, según le dijo, permitiría que viera los espíritus del aire. La última de los tres en retirarse fue Quaithe de la Sombra. Sólo dio a Dany un consejo.
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—No hay regalo demasiado generoso para la Madre de Dragones. —Xaro era un hombre lánguido, elegante, calvo, con la nariz ganchuda adornada con rubíes, ópalos y escamas de jade—. Mañana habrá un festín de pavo real y lengua de alondra, y oiréis música digna de la más hermosa de las mujeres. Los Trece vendrán a rendiros homenaje, así como todos los grandes de Qarth.
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—Sois demasiado generoso —dijo a Xaro Xhoan Daxos.
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—Me parece que lo que oléis son los camellos —dijo Dany con una sonrisa—. Los qarthianos tienen un olor dulce, me parece a mí.
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—Finge tener poder —terminó bruscamente el caballero. En su jubón verde oscuro, el oso de la Casa Mormont se alzaba sobre las patas traseras, negro y fiero. El gesto de Jorah al contemplar la multitud que abarrotaba el bazar no era menos fiero—. Yo no me quedaría aquí mucho tiempo, mi reina. No me gusta el olor de este lugar.
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—Esos hombres son los que me darán mi corona —replicó ella—. Xaro tiene riquezas sin límites, y Pyat Pree...
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—El cuervo llama negro al grajo —comentó Ser Jorah en la lengua común de Poniente. El caballero exiliado cabalgaba a su derecha, como siempre. Para entrar en Qarth se había quitado el atuendo dothraki y volvía a lucir la armadura y las ropas de los Siete Reinos, a medio mundo de distancia—. Alteza, haríais bien en evitar a esos hombres.
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—En un tiempo fueron poderosos —accedió Xaro—, pero ahora resultan tan ridículos como esos soldados viejos y débiles que alardean de sus proezas cuando hace ya mucho que carecen de fuerza y destreza. Leen sus viejos pergaminos, beben color-del-ocaso hasta que se les ponen los labios azules e insinúan que poseen poderes temibles, pero comparados con los que los precedieron son cáscaras vacías. Os lo advierto: los regalos de Pyat Pree se convertirán en polvo entre vuestras manos. —Rozó con la fusta al camello y se alejó.
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—La joven reina es más sabia de lo que corresponde a sus años —le susurró Xaro Xhoan Daxos desde la altura de su silla—. En Qarth tenemos un refrán: la casa de un brujo está hecha de huesos y mentiras.
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—Como ordenéis, khaleesi. —Los labios azules de Pyat esbozaron una sonrisa gentil. Se alejó, meciéndose al compás del movimiento de su camello, con su larga túnica de cuentas agitándose detrás.
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—El único palacio que deseo es el castillo rojo de Desembarco del Rey, mi señor Pyat. —Dany desconfiaba del brujo. La maegi Mirri Maz Duur la había dejado escarmentada de confiar en los que jugaban con hechicerías—. Y si la grandeza de Qarth quiere hacerme regalos, Xaro, que sean naves y espadas, para recuperar lo que me corresponde por derecho.
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—¿Para qué quiere ir a tu Palacio de Polvo, cuando yo puedo ofrecerle la luz del sol, el agua fresca y sedas para dormir? —replicó Xaro al brujo—. Los Trece pondrán una corona de jade negro y ópalos llameantes sobre su hermosa cabeza.
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—Todo Qarth es suyo —entonó Pyat Pree con sus labios azules, al otro lado de Dany—, no necesita fruslerías. Todo será como os prometí, khaleesi. Venid conmigo a la Casa de los Eternos, y beberéis de la verdad y la sabiduría.
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—Si hay aquí algo que deseéis, oh mujer bella entre las bellas —le dijo Xaro desde su ornamentada silla de montar—, sólo tenéis que decirlo y será vuestro.
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«¿Será posible que sólo vean la posibilidad de saquear Qarth? —se preguntó—. Qué salvajes debemos de parecerles.»
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—Qarth es la ciudad más grande que ha existido o existirá —le había dicho Pyat Pree ya entre los huesos de Vaes Tolorro—. Es el centro del mundo, la puerta entre el norte y el sur, el puente entre el este y el oeste, más antigua que el recuerdo del hombre y tan magnífica que Saathos el Sabio se sacó los ojos después de contemplarla, porque sabía que todo lo que viera a partir de entonces le resultaría triste y feo en comparación.
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—La nariz no me engaña nunca —alardeó—. Puedo oler la rebeldía, el orgullo, la desobediencia... Como huela cualquiera de esas cosas, lo pagaréis. Cuando os olfatee, no quiero otro olor que el del miedo.
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