Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—Si es la voluntad de los dioses... Azotad la fortaleza como una tormenta, mi señor. Y recordad, por favor, cuál es su nombre. —Ser Cortnay tiró de las riendas y se volvió hacia sus puertas.
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—¿Me tomáis por idiota, Ser? —replicó Stannis—. Tengo aquí veinte mil hombres. Vosotros estáis asediados por tierra y por mar. ¿Por qué iba a querer arriesgarme con un combate singular, cuando tengo la victoria asegurada? —El Rey lo señaló con un dedo—. Recordad lo que os digo. Si me obligáis a tomar mi castillo por asalto, no esperéis piedad. Os colgaré a todos por traidores.
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—¿De qué dudáis, mi señor? —preguntó Ser Cortnay nada sorprendido—. ¿De la justicia de vuestra causa o de la fuerza de vuestro brazo? ¿Tenéis miedo de que eche una meada y os apague el fuego de la espada?
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—O yo —dijo Bryce Caron, mirando a Stannis.
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—Si el Rey me lo permite —dijo Ser Guyard Morrigen, rojo de ira—, yo cogeré ese guante.
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—No os importará a vos —dijo Ser Cortnay—. Bien, Lord Stannis, ya he oído vuestra propuesta. Ésta es la mía. —Se quitó el guante y lo lanzó contra el rostro del Rey—. Combate singular. Espada, lanza o el arma que elijáis. Y si os da miedo arriesgar esa espada mágica y esa regia piel contra un viejo como yo, nombrad un campeón, y yo haré lo mismo. —Lanzó una mirada mordaz a Guyard Morrigen y Bryce Caron—. Cualquiera de esos cachorros valdrá.
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—¡Basta! —intervino Stannis—. Fue voluntad del Señor de la Luz que mi hermano muriera por traidor. No importa qué mano utilizara como instrumento.
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—¿Y eso de qué me vale? —La voz de Ser Cortnay estaba cargada de desprecio—. Ya veo que lleváis vuestra capa de muchos colores. La que Renly os entregó cuando jurasteis protegerlo. Si él está muerto, ¿por qué vos no? —Se volvió hacia Guyard Morrigen—. Lo mismo podría preguntaros a vos, Ser. Guyard el Verde, ¿no? ¿De la Guardia Arcoiris? ¿Que juró dar la vida por su rey? Si yo tuviera una capa así, me daría vergüenza lucirla.
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—Fue Brienne —insistió Lord Caron—. Ser Emmon Cuy lo juró antes de morir. Os doy mi palabra, Ser Cortnay.
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—Desde luego —declaró Lord Florent en tono frívolo—, y tampoco sería la primera doncella enloquecida que mata al hombre que la ha despreciado. Aunque, en mi opinión, la que mató al Rey fue Lady Stark. Había viajado desde Aguasdulces para implorar una alianza, y Renly se negó. Sin duda lo consideraba un peligro para su hijo, así que lo eliminó.
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—Mentira —replicó Ser Cortnay—. Conocí a Brienne cuando no era más que una chiquilla que jugaba a los pies de su padre en el Castillo del Crepúsculo, y la conocí aún mejor cuando el Lucero de la Tarde la envió aquí, a Bastión de Tormentas. Se enamoró de Renly Baratheon nada más verlo; hasta un ciego se habría dado cuenta.
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—¿Ésa? —Ser Guyard soltó una risotada ronca—. Escapó. Y más le vale, porque fue ella la que asesinó al Rey.
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—Sé que sois un hombre ambicioso —lo interrumpió Ser Cortnay—. Un hombre que cambia de rey y de dioses con la misma facilidad con la que yo me cambio de botas. Igual que todos esos renegados que estoy viendo.
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—Que los Otros le den por culo a vuestro Señor de la Luz —le espetó Penrose—, y que luego se lo limpien con ese trapo que lleváis.
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—En los mismos de antes —replicó Stannis—. Os perdonaré por vuestra traición, tal como he perdonado a los señores que veis conmigo. Los hombres de vuestra guarnición podrán elegir: entrar a mi servicio o volver a sus hogares sin que nadie los moleste. Podréis quedaros con vuestras armas y con tantas posesiones como podáis llevaros a cuestas. Pero me quedaré con los caballos y con las bestias de carga.
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—De sobra sabéis para qué hemos venido —replicó Stannis—. Habéis tenido dos semanas para valorar mi oferta. Habéis enviado cuervos, pero la ayuda no ha llegado. Ni llegará. Bastión de Tormentas no tiene amigos, y a mí se me agota la paciencia. Por última vez, Ser, os ordeno que abráis las puertas y me entreguéis lo que me corresponde por derecho.
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—Sólo hay un rey verdadero y un dios verdadero —proclamó Lord Florent.
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—Os deseo todo bien, mi señora —replicó Ser Cortnay—, pero yo me arrodillo ante otros dioses. Y ante otro rey.
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—Mi nombre es Melisandre, Ser. —Iba sola, sin más armadura que su túnica roja. Lucía al cuello el gran rubí que bebía la luz del sol—. Sirvo a vuestro rey y al Señor de la Luz.
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—El uso manda que a un rey se le dé el tratamiento de alteza —anunció Lord Florent. En su coraza, un zorro de oro rojo asomaba el hocico brillante a través de un círculo de flores de lapislázuli. El señor de Aguasclaras, muy alto, muy ceremonioso y muy rico, había sido el primero de los vasallos de Renly en jurar lealtad a Stannis, y también el primero en renunciar a sus dioses para adorar al Señor de la Luz. Stannis había dejado a su reina en Rocadragón, junto con su tío Axell, pero los hombres de la Reina eran más numerosos y poderosos que nunca, y de todos ellos, Alester Florent era el más arrojado.
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