Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—Que los Otros se lleven sus ojos —maldijo Robb sin mostrarse impresionado—. Murió como un hombre. ¿Una carrera hasta el puente?
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—No —dijo Jon Nieve con voz tranquila—. Eso no era coraje. Estaba muerto de miedo. Se le veía en los ojos, Stark.
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—El desertor murió como un valiente —dijo Robb. Era fuerte y corpulento, y parecía crecer a ojos vistas; tenía la piel clara de su madre, y también el pelo castaño rojizo y los ojos azules de los Tully de Aguasdulces—. Al menos tenía coraje.
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—Imbécil —murmuró Jon, en voz lo suficientemente baja para que Greyjoy no oyera el comentario. Puso una mano en el hombro de Bran, que alzó la vista hacia su hermano bastardo, y le dijo con solemnidad—: Lo has hecho muy bien.
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—Mantén controlado al poni —le dijo a Bran Jon Nieve, su hermano bastardo, acercándose a él—. Y no apartes la mirada. Padre se dará cuenta.
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—¿Por qué te detienes? —preguntó ser Waymar.
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—Con este caballo, no —replicó Will. El miedo lo había vuelto insolente—. ¿Quiere mi señor abrir la marcha?
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—Seguro que podemos ir a mejor paso —dijo Royce cuando la luna brilló en el cielo.
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—Muy perspicaz —asintió Royce—. La semana pasada tuvimos unas cuantas heladas ligeras, y algunas ráfagas de nieve, pero en ningún momento hizo tanto frío para que ocho adultos murieran congelados. Y te recuerdo que eran hombres con ropa de piel y cuero, que estaban cerca de un refugio y que sabían encender una hoguera. —La sonrisa del caballero no podía ser más confiada—. Llévanos hasta ese lugar, Will. Quiero ver a los muertos con mis propios ojos.
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—Lloraba —dijo Will con el ceño fruncido. Ahora que el joven señor lo señalaba, estaba claro—. Si el Muro lloraba, no se pudieron congelar. No hacía suficiente frío.
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—Sí, mi señor. —No había semana en que no hiciera una docena de guardias de mierda. ¿Adónde quería llegar con aquello?
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—Si Gared dice que fue el frío… —empezó Will.
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—Ya veremos hasta qué punto podéis abrigaros cuando llegue el invierno. —Se subió la capucha y se encorvó sobre su montura, silencioso y hosco.
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—Tendrías que usar ropa más abrigada —dijo ser Waymar encogiéndose de hombros.
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—Yo también he tenido el frío dentro, joven señor. —Gared se echó la capucha hacia atrás para que ser Waymar le viera bien los muñones, donde había tenido las orejas—. Las dos orejas, tres dedos de los pies y el meñique de la mano izquierda. Salí bien parado. A mi hermano lo encontramos congelado en su turno de guardia, con una sonrisa en los labios.
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—Qué elocuencia, Gared —observó ser Waymar—. No me imaginaba que te expresaras así.
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—El frío —replicó Gared con certeza férrea—. Vi a hombres morir congelados el pasado invierno, y también el anterior, cuando era casi un niño. Todo el mundo habla de nieve de veinte varas de espesor, y de cómo el viento gélido llega aullando del norte, pero el verdadero enemigo es el frío. Se echa encima de uno más sigiloso que Will; al principio se tirita y castañetean los dientes, se dan pisotones contra el suelo, y se sueña con vino caliente y con una buena hoguera. Y quema, vaya si quema. No hay nada que queme como el frío. Pero solo durante un tiempo. Luego se mete dentro y empieza a invadirlo todo, y al final no se tienen fuerzas para combatirlo. Es más fácil sentarse, o echarse a dormir. Dicen que al final no se siente ningún dolor.
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—¿Qué crees que pudo matar a esos hombres, Gared? —preguntó ser Waymar en tono despreocupado. Se ajustó el pliegue de la larga capa de marta.
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—Un poco —murmuró Will—. El viento, mi señor.
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—¿Tienes frío? —preguntó Royce.
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