Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—Había también un hermano negro —siguió Sansa—; suplicaba hombres para el Muro, pero era muy viejo y olía mal. —Aquello no le había gustado nada. Siempre había imaginado que los hombres de la Guardia de la Noche eran como su tío Benjen. En las canciones los llamaban «los caballeros negros del Muro». Pero aquel hombrecillo tenía la espalda encorvada, resultaba repugnante y parecía como si tuviera piojos. Si la Guardia de la Noche era así, se compadecía de su medio hermano bastardo, Jon.
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—Sí, sí —pidió Jeyne.
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—Nadie sabe por qué hace Arya las cosas que hace. —Sansa detestaba los establos; eran lugares malolientes llenos de estiércol y moscas. Incluso cuando iba a montar prefería que algún mozo le ensillara la montura y se la sacara al patio—. ¿Quieres que te cuente cosas de la corte de justicia, o no?
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—Esta tarde he visto a tu hermana —dijo Jeyne, como si le estuviera leyendo la mente—. Estaba en los establos, caminando sobre las manos. ¿Por qué hace esas cosas?
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—No —respondió Sansa—. Lo mataba con una flecha dorada y me lo traía como prenda. —En las canciones, los caballeros jamás mataban a las bestias mágicas; solo se acercaban a ellas y las tocaban, sin hacerles daño, pero sabía que a Joffrey le gustaba la caza, sobre todo matar a las presas. Pero solo mataba animales, claro. Sansa estaba segura de que su príncipe no había tenido nada que ver en el asesinato de Jory y el resto de los hombres; aquello había sido cosa de su malévolo tío, el Matarreyes. Sabía que su padre estaba muy enfadado, pero no era justo que le echara la culpa a Joff. Sería como hacerla responsable a ella por lo que hiciera Arya.
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—He soñado que el venado blanco era para Joffrey —dijo. En realidad no había sido un sueño, sino más bien un deseo, pero le costaba menos expresarlo así. Todo el mundo sabía que los sueños eran proféticos. Los venados blancos eran muy raros y mágicos, y Sansa sabía en su corazón que el valeroso príncipe era más digno de cazarlo que su padre borracho.
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—Sí, bueno… —titubeó Sansa.
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—La justicia del rey es ser Ilyn, no ser Loras —señaló Jeyne—. Lord Eddard debería haberlo enviado a él.
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—¿Nada? —Lord Baelish se acarició la barbita puntiaguda—. Cuéntame, pequeña, ¿por qué habrías enviado tú a ser Loras? —A Sansa no le quedó más remedio que hablarle de los héroes y los monstruos. El consejero del rey sonrió—. Bueno, no son precisamente los argumentos que habría planteado yo, pero… —Le acercó la mano al rostro y le siguió con el dedo la línea del pómulo—. La vida no es una canción, querida. Algún día lo descubrirás, y será doloroso.
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—La niña solo hacía comentarios, mi señor —dijo la septa Mordane, que se había puesto muy nerviosa al darse cuenta de que lord Baelish se había enterado de su conversación—. Simple charla. No pretendía decir nada.
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—No sabría qué decir, septa. Su señor padre ha tomado algunas decisiones que no estaría de más cuestionar. La joven dama es tan sabia como hermosa. —Hizo una reverencia a Sansa, una inclinación tan profunda que la niña no supo si se trataba de un cumplido o de una burla.
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—No, él no, tonta —replicó Sansa mientras mordisqueaba con delicadeza un muslo de pollo—. La pierna de mi padre. Le duele tanto que está siempre de muy mal humor. Si no, habría enviado a ser Loras, seguro.
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—¿La pierna? —preguntó Jeyne, insegura. Era una chiquilla bonita, de pelo oscuro, y tenía la misma edad que Sansa—. ¿Es que ser Loras se ha hecho daño en la pierna?
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—No ha querido enviar a ser Loras —le contó Sansa a Jeyne Poole aquella noche, mientras compartían una cena fría a la luz de la lamparilla—. Me parece que ha sido por lo de la pierna.
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—Ser Edmure ha enviado hombres a todo pueblo y aldea a menos de un día a caballo de la frontera. Los próximos atacantes no lo tendrán tan fácil —explicó ser Karyl.
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—Si vuelven, su sangre regará los campos que quemaron —declaró ser Marq Piper, en tono fervoroso.
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—¿Y si vuelven, señor? —Meñique se acarició la barbita puntiaguda, pensativo.
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—Ser Edmure me había convocado a Aguasdulces, junto con todos mis hombres —explicó por su parte ser Raymun Darry—. Estaba acampado al otro lado del río, aguardando sus órdenes, cuando me llegó la noticia. Cuando regresé a mis tierras, Clegane y sus alimañas ya estaban al otro lado del Forca Roja, cabalgando hacia las colinas de los Lannister.
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—Yo estaba al lado de mi señor padre, en el paso, bajo el Colmillo Dorado —respondió ser Karyl—. Igual que ser Marq. Cuando ser Edmure Tully recibió la noticia de estas afrentas, nos envió instrucciones de organizar un grupo de hombres para buscar a los supervivientes que hubiera y traerlos ante el rey.
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—Gracias, gran maestre Pycelle —dijo Ned—. Si no llegáis a decirlo, quizá lo hubiéramos olvidado.
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