Esta sección te muestra, con ejemplos reales, qué entiende la herramienta por F1, Acotación y F2.
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Ejemplos
—Vosotros seréis mi khalasar
—les dijo—.
Veo los rostros de esclavos.
«
Tenemos que irnos
—pensó—,
ha llegado la hora
.»
—¿Que cabalguemos?
—Más allá del fuego reinaba la oscuridad, y la noche era gélida—.
¿Hacia dónde vamos?
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—Lord Varys, tened la bondad de mostrarle esto a mi señora de Lannister —dijo Ned sacando la carta de Robert.
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—Ordeno al Consejo que haga todos los preparativos para mi coronación —proclamó el niño—. Deseo ser coronado antes de quince días. Hoy aceptaré los juramentos y la lealtad de mis fieles consejeros.
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—Salve, vuestra alteza —entonó—, Joffrey de las casas Baratheon y Lannister, el primero de su nombre, rey de los ándalos y los rhoynar y los primeros hombres, señor de los Siete Reinos y Protector del Reino.
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—El rey ha muerto —dijo Ned. Había dado por supuesto que Cersei actuaría con rapidez. La llamada no lo sorprendió—, pero iremos con vos, de todos modos. Tom, prepara una escolta, por favor.
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—Quiero pedirle a este Consejo que me confirme como Lord Protector, cumpliendo los deseos de Robert —dijo Ned. Observó sus rostros, sin dejar de preguntarse qué pensamientos ocultaban los ojos entrecerrados de Pycelle, la sonrisita perezosa de Meñique y el nervioso aleteo de los dedos de Varys.
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«Lo que pasa es que ya es mayor de edad», reflexionó Ned para sus adentros. Pero no dijo nada en voz alta. No confiaba en Pycelle ni en Varys, y el honor de ser Barristan lo obligaba a proteger y defender al muchacho al que consideraba su nuevo rey. El anciano caballero no abandonaría fácilmente a Joffrey. El sabor del engaño le dejaba un regusto amargo en la boca, pero Ned sabía que debía proceder con suma cautela, mantener unido el Consejo y seguir el juego hasta que estuviera firmemente establecido como regente. Ya habría tiempo de sobra para enfrentarse al tema de la sucesión cuando Arya y Sansa estuvieran a salvo en Invernalia, y lord Stannis llegara a Desembarco del Rey con todos sus hombres.
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—Es el sello del rey Robert, y está intacto. —Abrió la carta y la leyó—. Aquí dice que se nombra a lord Eddard Stark Protector del Reino, y que actuará como regente hasta que el heredero alcance la mayoría de edad.
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—Ha salido por una poterna una hora antes del amanecer, acompañado por ser Loras Tyrell y unos cincuenta hombres —dijo Varys—. La última vez que los vieron cabalgaban hacia el sur con cierta prisa. Su destino es sin duda Bastión de Tormentas, o bien Altojardín.
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—¿Que se ha marchado de la ciudad? —Ned había contado con el apoyo de Renly.
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—Mucho me temo que lord Renly se ha marchado de la ciudad —dijo Varys dirigiéndole una mirada apenada.
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—En cuanto llegue lord Renly —respondió Ned.
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—Los pajarillos cantan hoy una canción triste —dijo al tiempo que se sentaba—. El reino llora. ¿Comenzamos?
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—Mis señores —dijo sonriendo, aunque sin dirigirse a nadie en concreto. Se volvió hacia Ned—. Ya se ha llevado a cabo el asuntillo que me encargasteis, lord Eddard.
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—Vuestro lugar está aquí, ser Barristan —le dijo Ned.
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—Mis señores —dijo—, ahora mismo mi lugar está junto al joven rey. Os ruego que me disculpéis.
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—Como ordene la mano. —Pycelle hizo una reverencia. Llamó a sus sirvientes y les dio instrucciones, y luego aceptó la oferta de Ned de un asiento y una copa de cerveza dulce.
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—Me temo que debemos reunirnos de inmediato. —Ned se mostró tranquilo, pero firme.
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—¿Cómo decís, mi señor? —preguntó Pycelle parpadeando—. Sin duda, los asuntos del reino pueden esperar hasta mañana, para que no tengamos tan reciente la pena.
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—No —replicó Ned—. Robert detestaba descansar. Los dioses le den amor, risas y la gloria de la batalla. —Era extraño, pero se sentía vacío. Había esperado la visita, pero con aquellas palabras algo murió en su interior. Habría renunciado a todos sus títulos por ser libre para llorar… pero era la mano de Robert, y había llegado el momento que tanto temía—. Tened la bondad de convocar a los miembros del Consejo aquí, en mis habitaciones —le pidió a Pycelle. La Torre de la Mano le ofrecía toda la seguridad que había podido proporcionarse con la ayuda de Tomard. En cambio no podía afirmar lo mismo de la cámara del Consejo.
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—Mi señor —dijo—, el rey Robert nos ha dejado. Los dioses le den descanso.
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