A sus 43 años, Ernesto Tubía cuenta en su haber con más de 200 premios literarios. No es algo de lo que le guste presumir, puesto que si por algo se caracteriza este prolífico escritor es, precisamente, por su gran modestia.

Pero con tantos años de experiencia posiblemente haya acumulado suficientes conocimientos como para aconsejar a un regimiento de escritores noveles (o al menos a los que realmente estén interesados en emprender la numantina gesta de embeberse en el arte de la escritura, tal como él hizo hace trece años).

Así que le pedí que me concediera una entrevista para satisfacer la curiosidad de todos esos escritores que también quieren empezar a cosechar triunfos en el mundo de los premios literarios. Y él, que es la amabilidad personificada, ha aceptado de muy buen grado.

 

 

Como tantos otros escritores, Ernesto empezó a escribir durante su adolescencia. Influenciado por el estilo de Stephen King, escribía cuentos terroríficos (historias de fantasmas y seres abominables que regresaban de entre los muertos en busca de venganza).

Pero esta no era su única fuente de inspiración. Su abuela Carmen, que tenía un quiosco de prensa donde se cambiaban comics y novelas del oeste a diez pesetas, le invitaba a pasar los domingos con ella.

Él se pasaba la mañana leyendo un cómic tras otro, y ahí fue donde realmente nació su pasión por la lectura, y también por la creación literaria. “Puede parecer un poco extraño –sugiere–, pero en mi caso, en el hecho de que quisiera convertirme en escritor, tuvieron más que ver El Motorista Fantasma y la Patrulla X, que Cervantes o Pérez Galdós”.

«Puede parecer un poco extraño, pero en mi caso, en el hecho de que quisiera convertirme en escritor, tuvieron más que ver El Motorista Fantasma y la Patrulla X, que Cervantes o Pérez Galdós».

Ernesto aparcó la escritura durante su juventud hasta poco después de cumplir los treinta años. Desde entonces sigue escribiendo relatos del género del terror, aunque intenta tocar diferentes temas y estilos.

P. ¿Fue entonces cuando decidiste empezar a participar en concursos literarios? ¿Qué te llevó a tomar esta decisión?

R. Sí. Convocaron en Haro (mi pueblo) un certamen literario sobre San Felices, y luego me llegaron las bases de otro a nivel nacional. El de Haro lo gané y en el nacional quedé entre los tres primeros. Vi un camino a seguir, y ahí continúo desde entonces.

P. ¿En cuántos concursos literarios has participado en total y cuántos de ellos has ganado hasta el momento?

R. No llevo la cuenta de los premios a los que me presento, pero son muchos. Quien gane muchos, diciendo que se presenta a pocos, simplemente miente. Actualmente llevo ganados más de doscientos premios. Y en un año bueno, he ganado uno de cada siete a los que me he presentado.

«Quien gane muchos, diciendo que se presenta a pocos, simplemente miente».

P. ¿A cuántos concursos literarios te sueles presentar cada mes?

R. Es complicado. Hay meses en los que espero tres fallos, y otros en los que espero diez. Los meses anteriores a abril te presentas a muchos, porque se convocan bastantes por la proximidad del Día del Libro. En los meses de verano, sin embargo, apenas hay convocatorias.

 

 

P. ¿Cómo eliges los concursos en los que participas? ¿Sigues algún criterio especial, como que el manuscrito a presentar no supere una extensión determinada o que no te exija ir a recoger personalmente el premio en la ciudad donde se convoca si esta se encuentra muy lejos de tu domicilio?

R. Hombre, hay que seguir ciertos criterios. Es lógico que no me presento en Andalucía si el premio son doscientos euros, porque me sale más caro el viaje que el premio. Aunque si no hay que ir, sí que me presento. El resto de premisas es aleatorio. Si tengo un relato que encaja en lo que piden las bases, lo mando. Si no tengo nada, pues no. Obviamente, no puedes presentarte a todo.

P. Hablas como si ya tuvieras los textos escritos con antelación y eligieras el que más se adapta a las reglas del concurso en cuestión para enviarlo. ¿Te refieres a que envías textos de algún concurso en el que no hayas quedado finalista, por ejemplo?

R. En efecto. Lo que piden los concursos es que sean inéditos y no premiados en otros certámenes. Puedes haber presentado un relato a mil certámenes, pero si no se ha llevado nada, ni lo has publicado en ningún medio, puedes seguir presentándolo.
Yo, por eso, escribo lo que me gusta, y después lo voy mandando a los concursos en los que se adapte. Siempre escribo, salvo algunos casos puntuales, sobre lo que me apetezca en ese momento. Al final, con paciencia y tiempo, acabas encontrando un montón de certámenes a los que presentarlo.

«Escribo lo que me gusta, y después lo voy mandando a los concursos en los que se adapte».

P. ¿Entonces te gustan más los concursos de temática libre que los que imponen un tema concreto?

R. Prefiero el tema libre. Aunque, de todos modos, los de relatos fantásticos o de terror, o los que versan sobre la mujer, me gustan especialmente. Soy un hombre criado por mujeres y que tiene en alguna de ellas el espejo en el que le gustaría mirarse. Es por ello que siempre me he sentido inclinado a escribir sobre mujeres. Son un tema fascinante y por el que se debe luchar. Yo puedo hacerlo desde lo que escribo, y así lo hago. Para reivindicar el papel en la historia de mujeres como mi abuela Carmen, y para pelear para que otras mujeres en ciernes, como mi hija Jimena, no tengan que bregar contra los mismos problemas de las generaciones anteriores.

 

 

P. ¿Alguna vez te has quedado sin ideas debido a la cantidad de concursos a los que te has presentado?

R. La inspiración es un pozo inagotable. Mi tiempo libre, por desgracia, no. Tengo ideas anotadas y breves resúmenes como para estar una década escribiendo sin parar. Lamentablemente no tengo mucho tiempo, así que la falta de inspiración no es un problema.

«En horas, quizás dedique seis o siete a la semana».

P. ¿Cómo te organizas el día para poder dedicar las horas que quieres a la escritura? ¿Tienes que compaginarlo con las obligaciones familiares y tareas de la casa al terminar la jornada laboral, por ejemplo, o cuentas con ayuda en ese sentido?

R. Exactamente. Mariola, mi mujer, es médico, por lo que además de la jornada laboral tiene varias guardias al mes. El trabajo en el laboratorio, y después en casa, además del tiempo que requieren mis hijos, me absorbe la mayor parte del tiempo. Además, vivimos en Logroño, aunque ninguno de los dos somos de allí. Por lo que no tenemos ayuda diaria para el día a día con los niños. Hay que hacer malabares para sacar la casa adelante. Así que el tema de sacar tiempo para escribir ya es un imposible.
De todos modos, he de admitir, que Mariola lleva una enorme carga en casa, porque yo, afortunadamente viajo bastante por el tema de los premios literarios, y en esos casos, ella es la que se queda en casa con los peques.

P. ¿Qué ha aportado a tu vida (tanto a nivel personal como a nivel profesional) el hecho de ganar tantos concursos literarios?

R. Sobre todo, el saber que estoy en el buen camino. A todos, nuestros hijos nos parecen los más guapos, pero tienen que ser otros quienes lo corroboren. En la literatura pasa lo mismo. Puedes creer que tienes una joya entre las manos y que en realidad no lo sea. Los premios literarios te van orientando sobre cómo escribes, sobre la calidad de tus escritos y la evolución de los mismos. Es un termómetro formidable para intentar crecer en este complicado mundillo. A mí, personalmente, me ha hecho crecer muchísimo. Además, he encontrado a gente maravillosa en él. También a algún impresentable, pero bueno, de todo tiene que haber.

«Los premios literarios te van orientando sobre cómo escribes, sobre la calidad de tus escritos y la evolución de los mismos».

P. Aparte del factor probabilidad, ¿cuál dirías que es la clave de que hayas ganado tantos concursos?

R. Conozco a gente que vive de esto, en mayor o menor medida. Al final, en ciertos concursos sí que puedes encontrar una técnica que dé más o menos resultados, pero no es lo habitual. También es común, si se repiten los jurados, que tiren por ciertos gustos y, si conoces los relatos premiados en años anteriores y tienes algo del mismo género, tener más posibilidades que con otros temas. De todos modos, esto de los premios es muy anárquico. Hay veces que crees que tienes un buen relato y muere sin haber conseguido nada, y otras, con otros trabajos que consideras más vulgares, logras premios que no esperabas. No existe una fórmula mágica. Y es mejor que así sea. Hay que escribir para divertirse, y si además cae algo, pues mejor. Pero no hay que perder la ilusión del crear por crear.

 

 

P. En la actualidad trabajas como técnico de laboratorio. ¿Te gustaría dedicarte algún día solamente a la escritura o disfrutas por igual con ambos oficios?

R. Creo que no. No sé si me gustaría tener que escribir por obligación. Sí que es cierto que eso me proporcionaría una mayor libertad, más tiempo, la posibilidad de escribir más y con mayor tranquilidad. Quizás una novela de mayor volumen que las que escribo. Pero el condicionante de tener que escribir para llenar el puchero le haría perder toda la magia al asunto.

P. ¿Crees que la lectura, y en especial haber empezado a leer desde pequeño, ha influido de algún modo en tu forma de ser o de ver la vida?

R. Desde luego. No se puede escribir sin una base, y esa base se toma leyendo mucho. Yo comencé a leer muy joven, y aunque hubo un lapso muy largo en el que no escribí, nunca he dejado de leer. Soy más lector que escritor, desde luego. Además, todo lo que leemos nos enriquece, nos forma. Una persona que lee, normalmente, suele ser más comprensiva, más abierta a la diversidad de todo cuanto le rodea. Una persona que lee es libre.

«No se puede escribir sin una base, y esa base se toma leyendo mucho. Además, todo lo que leemos nos enriquece, nos forma».

P. Entonces ¿sueles leerles cuentos a tus hijos antes de irse a dormir o compartir con ellos momentos de lectura?

R. Todas las noches. Leer cuentos en la cama se ha convertido en una liturgia ineludible en nuestra casa. Bien Mariola, bien yo, cada noche, antes de acostarse les leemos un cuento a cada uno. Ahora Jimena ya los lee ella sola, pero a David se los seguimos leyendo cada noche. Además, procuramos que nos vean leer y que participen en nuestras lecturas. Es fundamental para que los pequeños se vuelquen en la lectura que tengan unos referentes lectores. Yo lo tuve, y lo poco o mucho que sea o llegue a ser se lo debo a mi abuela Carmen, que fue quien me inculcó la pasión por la lectura. Espero que si algún día, a alguno de mis dos hijos le da por escribir o se convierte en un gran lector, crea que el germen de esa afición está en sus padres. Sería un gran motivo de orgullo.

«Es fundamental para que los pequeños se vuelquen en la lectura que tengan unos referentes lectores».

P. ¿Qué les dirías a todas esas personas que se están iniciando en el mundo de la escritura y que a veces dudan sobre si vale la pena seguir intentándolo debido a la dificultad de hacerse un hueco en ese mercado?

R. Que hay que escribir porque te emociona hacerlo, porque disfrutas con ello, porque te excita el proceso de la creación. El resto: los concursos, las publicaciones, el mercado literario, ahí no tienes poder de influencia, así que da igual lo que hagas u opines. Solo puedes involucrarte creando, escribiendo, dejando impresos tus miedos, tus emociones, aquello que te excita o te amedrenta. He descubierto en el mundo de los concursos literarios autores formidables que, seguramente, jamás firmarán con una gran editorial. Si hubieran decidido dejar de escribir por ello, se hubiesen perdido pequeñas joyas que se esconden en blogs, pequeñas ediciones recopilatorias o tiradas breves. No se puede luchar contra las grandes editoriales desde nuestra pequeña posición en el mundo literario, pero sí que podemos aportar algo que ellos no tienen y nunca llegarán a poseer: el anhelo de crear por crear, escribir por pasión, escribir desde las entrañas, escribir sin miedo.

«Hay que escribir porque te emociona hacerlo, porque disfrutas con ello, porque te excita el proceso de la creación».